sábado, 22 de junio de 2013

Nota sin título: primera parte

Esos días en los que todo su ser se desvanecía se los imaginaba nublados, grises, con bruma, con una temperatura que hace doler los huesos de bajo cero. En ese abrir los ojos matinal, en esas cuatro paredes de su cuarto, podía verse por un tiempo, como abstrayéndose de su ser; y se quedaba en oscuridad mirando el techo por un buen rato tratando de hundirse en el colchón para enmarañarse en una enredadera de sábanas que le permitían subir a ningún lado.

Nublado y gris, pensó, ella asociaba esos adjetivos con un sentimiento algo perturbador: el no poder ver qué es lo que sucede. Le asustaba la idea de no saber qué es lo que pasa porque de esa forma eliminaba toda posibilidad de solución o control. Y cuando eso acontecía, todo su cuerpo de encargaba de que lo notase.

Giraba sobre su eje y ahora quedaba boca abajo conteniendo la respiración para evitar ahogarse entre las almohadas, hasta que rompía con una vuelta de cabeza hacia el costado y una inhalación, que sentía, le iba a quitar la vida. Después de eso, no podía evitar llevar su mente hacia otro sitio que no sea la respiración; se quedaba atenta a su propio sonido y jugaba con controlar ese reflejo involuntario y vital como es inhalar y exhalar. Sabía que ese ir venir de exhalaciones e inhalaciones, las diferentes intensidades con las que lo hacía o el tiempo que evitaba hacerlo no duraba más que media hora y giraba nuevamente sobre su eje, miraba nuevamente el techo a oscuras y resoplaba todo el hastío escupiéndole hacia afuera, pensando que tal vez así se fuera.Y justo entonces, en ese mismo instante desvanecedor, el despertador comenzaba a gritar con toda su potencia advirtiéndole que era hora de levantarse, asearse, desayunar e irse-a-trabajar.

La luz del velador la encandilaba y mirar el techo en ese instante dejaba su mente en blanco hasta que su cuerpo volvía a acostumbrarse a las luces y los techos, y ese submundo artificial que era llamado vida. Con las medias sobre el piso, volvía a pensar  y su respiración se volvía algo tan involuntario que no podía siquiera controlarla para atenuar la velocidad de inhalación y exhalación. Como algo que quería arrancar dentro de sí, así apretaba su pecho.

1 comentario:

  1. Lo bueno y lo malo de la locura es que los que la padecen no se dan cuenta. El sentimiento de perturbación tiene que ver con no haber llegado. Pero, como alguien dijo alguna vez, lo peor que podés hacer es intentar saltar un precipicio de dos saltos

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