Esos días en los que todo su ser se desvanecía se los imaginaba nublados, grises, con bruma, con una temperatura que hace doler los huesos de bajo cero. En ese abrir los ojos matinal, en esas cuatro paredes de su cuarto, podía verse por un tiempo, como abstrayéndose de su ser; y se quedaba en oscuridad mirando el techo por un buen rato tratando de hundirse en el colchón para enmarañarse en una enredadera de sábanas que le permitían subir a ningún lado.
Nublado y gris, pensó, ella asociaba esos adjetivos con un sentimiento algo perturbador: el no poder ver qué es lo que sucede. Le asustaba la idea de no saber qué es lo que pasa porque de esa forma eliminaba toda posibilidad de solución o control. Y cuando eso acontecía, todo su cuerpo de encargaba de que lo notase.
Giraba sobre su eje y ahora quedaba boca abajo conteniendo la respiración para evitar ahogarse entre las almohadas, hasta que rompía con una vuelta de cabeza hacia el costado y una inhalación, que sentía, le iba a quitar la vida. Después de eso, no podía evitar llevar su mente hacia otro sitio que no sea la respiración; se quedaba atenta a su propio sonido y jugaba con controlar ese reflejo involuntario y vital como es inhalar y exhalar. Sabía que ese ir venir de exhalaciones e inhalaciones, las diferentes intensidades con las que lo hacía o el tiempo que evitaba hacerlo no duraba más que media hora y giraba nuevamente sobre su eje, miraba nuevamente el techo a oscuras y resoplaba todo el hastío escupiéndole hacia afuera, pensando que tal vez así se fuera.Y justo entonces, en ese mismo instante desvanecedor, el despertador comenzaba a gritar con toda su potencia advirtiéndole que era hora de levantarse, asearse, desayunar e irse-a-trabajar.
La luz del velador la encandilaba y mirar el techo en ese instante dejaba su mente en blanco hasta que su cuerpo volvía a acostumbrarse a las luces y los techos, y ese submundo artificial que era llamado vida. Con las medias sobre el piso, volvía a pensar y su respiración se volvía algo tan involuntario que no podía siquiera controlarla para atenuar la velocidad de inhalación y exhalación. Como algo que quería arrancar dentro de sí, así apretaba su pecho.
sábado, 22 de junio de 2013
lunes, 10 de junio de 2013
Oscura sospecha
Levantarse temprano nunca le fue un inconveniente. Le
gustaba ese ritual que había construido hace un año, cuando decidió por fin
darle un poco más de espacio a ella misma en su vida.
Abrir la ducha, poner el agua, bañarse, apagar el fuego, vestirse y finalmente sentarse a disfrutar de unos mates y una buena lectura. Le parecía que así engañaba un poco a la rutina del trabajo, la disfrazaba de otra cosa más placentera como quedarse en compañía de un buen libro; o simplemente consigo misma.
Abrir la ducha, poner el agua, bañarse, apagar el fuego, vestirse y finalmente sentarse a disfrutar de unos mates y una buena lectura. Le parecía que así engañaba un poco a la rutina del trabajo, la disfrazaba de otra cosa más placentera como quedarse en compañía de un buen libro; o simplemente consigo misma.
Prefería eso a salir a las apuradas para llegar a horario a
la oficina y vivir un poco en el traje de otros, nunca era del todo ella misma
ahí. Esa mañana pensó en eso y se acordó de Hunter S. Thompson y sus “Días de Ron”.
Sonrió y asintió con su cabeza como afirmación de eso que ella pensaba: “éramos todos actores”. Sí,
definitivamente lo creía cierto. Pero cuestionaba un tanto aquello de engañarse a
uno mismo, más bien peleaba contra eso. Le parecía interesante o idealista, como a Hunter, el hecho de ser consciente de todos sus papeles e
interpretaciones aunque todavía le quedaba por resolver si finalmente todo
debería terminar en una sensación de inminente desastre. Muchas veces lo había
sentido así, pero esa mañana, un poco más optimista tal vez, decidió que no;
que había otros tonos de grises dentro de un pesimismo que a veces le gustaba
demostrar.
domingo, 9 de junio de 2013
Introducción I
Se fue corriendo a toda velocidad, casi no sentía sus piernas. Sintió que eso era la libertad y lo disfrutaba, aunque sus latidos parecían acelerar el tiempo o simplemente detenerlo. Miraba hacia atrás como si alguien la persiguiera. Quería parar pero el miedo al encierro le parecía tan paralizador que decidió correr por una hora más. Exhausta, se detiene en medio de una avenida. Los autos la iluminaban de un lado a otro, las bocinas comenzaron a aturdirla. Sin embargo se sentía libre. Era lo más lógicamente absurdo que podría haber hecho, pensó ¿Pero cuál es la lógica del absurdo? Esperó a que los autos frenasen y retornó a su casa.
sábado, 8 de junio de 2013
Pompas
Tal vez sea eso. O tal vez una pompa de jabon. Tal vez se diera cuenta de que su pecho ya no apretaba tanto, y que ahora era más cómodo andar desnuda por la vereda, cruzando de cuando en cuando niños produciendo la magia.
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