viernes, 26 de febrero de 2016

128 BPM

Sus ojos permanecían abiertos. A pesar de la oscuridad de una noche sin luna, la ventana de su cuarto dejaba pasar un halo de luz y por un instante se dejó llevar por él. A medida que atravesaba las terrazas que la separaban del origen, su alrededor se volvía más incandescente y su vista comenzaba a enceguecerse hasta encontrarse dentro de una refulgencia de colores primarios.
Se hallaba en un cuarto observando a cuerpos bailar a 128 beats por minuto. Enfocada en los destellos de luces que danzaban al compás del sonido, por primera vez cerró sus ojos. La sedujo la idea de sincronizar sus latidos con la música y pegar su anatomía junto a la complexión que intentaba seducirla. Sentir la brisa de la respiración de él marcaba la distancia en que se fijaban sus cuerpos y el tiempo parecía desvanecerse con cada exhalación. Sus manos se mezclaban en una danza de dedos, brazos y caderas.
100 beats marcaron el camino hacia destellos tenues color verde. Un lento inhalar y un abrir de ojos la introdujo en la oscuridad de los suyos. Se podía ver reflejada en ellos. Las manos de él rodeaban sus caderas cuando ella perdió nuevamente la mirada. Podía definir con colores y sonidos el olor de su cuello, podía sentir las muecas de su boca con su boca, quería perderse entre la textura de su lengua.
Sus ojos permanecían cerrados, un halo de luz de mediodía pasaba a través de la ventana de su cuarto negándole la noche, queriéndola dormida.