Felicidad. Tan gastado le parecía. Tan envasado. Tan industrial. Y entonces se veía una vez más cuestionando la existencia misma del mundo, de las cosas, de los hombres, de ella. Y como signo de rebeldía, o como su única salida, se había apresurado en buscar el sur. ¿Por qué? ¿Con qué fin? No lo sabía. Creía haber entendido que el sentido no es más que un invento del hombre para sobrevivir en esto que llamamos mundo y poder sobrellevar esa mochila que llamamos vida. Y entonces había decidido despojarse de todo, desnudarse. Sentirse verdaderamente animal. ¿Pero era posible evitar que el flujo sanguíneo cambie de dirección o simplemente deje de correr? Habría que estar muerto, y eso no le era una opción.
jueves, 31 de octubre de 2013
sin-sentido
Incansables buscadores de sentido. De eso parecía tratarse todo, o al menos el diseño de vida que había sido planteado para ella y los de su especie. Las cosas funcionaban a modo de brújula. Las cosas habían sido dispuestas hace bastante tiempo para que buscar el norte sea la opción, la única opción. ¿Y qué quedaba entonces más que rumbear hacia allí? Pero ella sentía que su brújula se había roto a pedazos cuando por un pequeño desliz la dejó caer. Y entonces ahí iba. Una vez más, tratando de encontrar un camino hacia donde virar. ¿Por qué? Como si alguien lo hubiese determinado, su meta era encontrar el sentido. ¿A qué? ¿Para qué? ¿De qué forma? La humanidad había sido creada para decidir el norte de todos. El destino del hombre era el hombre. No más. Creernos tan indispensables como capaces de decidir cuándo y cómo autodestruirnos. Y entonces el vacío eterno que nos aprehendía y hería en lo más profundo de nuestro ego. Y entonces tratar de darle sentido a algo que tal vez jamás lo tuvo, ni debería tenerlo. Y ahí se encontraba, tratando de buscarle una significación valedera a su vida. O a ésta vida. Y no era casualidad, no era la excepción. Era la vida de todos tratar de llenar algo que nunca tal vez sepamos qué es. Mil métodos había probado, mil sabores, miles de recuerdos. Atrapada en ella. Buscando incansablemente el sentido de las cosas. ¿Por qué habríamos de ser tan importantes como para pasarnos toda una vida buscando vaya a saber qué? Era de humano el egoísmo de creer que estamos aquí para algo. De humano y divino. La predestinación ya nos había calado tan hondo que todos debíamos estar aquí para algo y para llegar al norte. Porque en el norte, ahí bien lejos, estaba eso que todos llaman felicidad.
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