Caer. Se suponía que tenía que caer. Podía hacerlo de mil maneras aunque nunca encontraba la correcta. ¿La correcta? Su vida entera había sido la correcta. Empezaba a detestar esa palabra. ¿Por qué habría de haber algo correcto? ¿Quién lo determina? ¿Por qué lo acatamos todos como si fueran las cosas más naturales y humanas? ¿Por qué creemos que son inherentes al hombre? No. Lo que era determinado como tal había sido creado por hombres ¿según qué?: obvio, beneficios propios. Un sistema entero, entendía ella. Pero no quería comenzar a filosofar acerca del por qué creemos que hay cosas correctas y otras no, demasiados años, hasta siglos habían pasado para que eso sucediera y para que las cosas sigan funcionando socialmente y culturalmente como hasta ahora.
Alejada de prejuicios. No. Para qué se iba a mentir. A ella le costaba demasiado todavía comenzar a caminar por un nuevo camino, un camino construido en base a una cosa: su ser. Es que tanto años de molde no habían sido en vano. Y por más que sabía que todos los conceptos eran infundados, aún le costaba creer que no había nada de ella en eso y que, entonces, la búsqueda iba por otro lado. ¿Qué lado? No lo sabía. Lo importante era la búsqueda y por allí se adentró. Y entonces, ella lo sabía, iba a caer. Iba a ser duro el golpe. Eso es lo que se suponía que iba a pasar. Y pasó. De la manera que menos esperaba pasó. Trastocó los moldes que pensaba nunca iba a romper, esos que quería mantener en pie y que juraba no iba a quebrar. Y como todo, lo hizo abruptamente, sin pensarlo, un día cualquiera.
Asfixiante.
Doloroso.
Triste.
Inexplicable.
Despertar de un sueño encantador.
No hay comentarios:
Publicar un comentario