sábado, 15 de febrero de 2014

Sobre las formas de tener miedo

Un salto. Tenía que dar un salto. Pero por qué habría de serle tan difícil. Todo se resumía a pensar. Ella, como incansable mentalmente que era, pensaba. En los sueños incluso de veía inserta en pensamientos frustrantes, chocantes, desilusionantes. Su vida se había convertido en una cabeza incapaz de dejarle espacio a nada más. Y cuando quiso ceder, cuando verdaderamente lo deseó, se hundió en un mar de emociones que aún no estaba preparada para enfrentar. Y ahogarse ya le parecía más fácil y hasta un tanto aliviador. Sí. Estaba destruyendo aquello a lo que había logrado llegar. Por qué? Qué motivo encontraba para hacerlo? Ninguno le parecía valedero. Un resumen del "estado de su vida" se lo hacía saber: TODO ESTÁ BIEN. Pero no, igual, algunas cosas deben estar mal para que todo siga pesando tanto. Qué? Nos habían acostumbrado tanto a luchar contra algo, a pelear, a solucionar cosas, a plantearnos objetivos, problemas, desencantos, que ahora, cuando nada en verdad podía salir mal, ella estaba decidiendo que algo podría estarlo. Cuestión de perspectiva. Sí, nunca antes había estado tan pesimista. Qué era entonces? Miedo.

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